A la hora pico.

Estando yo sentado en unos bancos cerca de mi casa, no pude evitar reflexionar en la paz que causa el ver a los transeúntes, con o sin preocupaciones en sus caras inanimadas ir de aquí a allá, con sus vidas y sus destinos. Todas las historias que merecen ser contadas están en sus recuerdos, y yo aquí pensando en que podía ocultar cada gesto disimulado de esos personajes desconocidos.

¿Qué podría ocultar la sonrisa pícara de esa rubia que pasa a mi derecha? ¿Quién habrá visto a ese anciano antes de hacer suyas esas arrugas en su rostro? ¿Qué secreto mantendrá a la madre y a su hijo sonriendo, mirándose el uno al otro, mientras el padre ríe agarrándolos de la mano? Cuantos misterios tan deliciosos oculta solo una calle que me separa de todos esos protagonistas de sus propias historias.

Me parecía tan mágico como la dueña de la tienda de repostería podía estar viviendo una tragedia griega, mientras una niña a solo metros de ella podía figurar entre sus labios el secreto de un primer amor al más puro estilo de Shakespeare. O las locuras que el vendedor de frutas pueda inventar, como si de un Don Quijote habláramos. Y porque no, el miedo tan oscuro que consumía el alma del hombre de negocios que cruzaba a prisa y con un teléfono en la mano. Moldeables historias salidas de la más antigua o más actual de las literaturas.

Todo era jugosamente divertido hasta que, como un villano cliché, apareció en mi rango de visión un vulgar hombrecillo, tal vez agraciado en su físico, pero vacío como la oscuridad en su corazón. La torpeza de sus movimientos hacía los demás hacían notar su desagrado por el resto de la humanidad, quizás causado por el desprecio de otras personas en su pasado, quizás heredado de una familia no tan comprensiva, pero en fin, desagradable a mi vista como un asesinato.

El vil personaje empujaba a los demás, sin siquiera pedir perdón o mostrar signo de arrepentimiento. El asco mezclado con lástima no dejo de brotar de mi mirada, si hubiera volteado a verme, habría descubierto mi entrecejo fruncido en una expresión de desprecio tal, que habría provocado su ira, de seguro. De repente, un empujón tiro a nuestro villano al suelo, seguido de mis carcajadas y la mirada incrédula de muchos. El silencio de los peatones y el poco tráfico hizo escuchar mi risa hasta muy lejos, lo suficiente como para que el desgraciado antagonista se diera cuenta.

Se levantó, gritando cosas obscenas y sin sentido, maldiciendo a toda la divinidad que se le vino a la mente, y ofendiendo a este servidor por no contener la risa. Me señaló varias veces, gritándome cosas ofuscadas por mi propio desinterés en sus palabras. finalmente, acomodó su traje (muy costoso, imaginé) y se dispuso a marchar, perdiéndose entre la multitud.

¡Que persona tan desagradable!
Grité.

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  1. #1 por Gaby el mayo 5, 2011 - 11:35 pm

    Pero chico tu eres genial, ya te lo habia dicho

  2. #2 por Mafer Meléndez el mayo 6, 2011 - 12:34 am

    Concuerdo con la chica Gaby!! ERES GENIAL DIEGO 😀 Tus palabras, el modo en que las empleas haces que tome interes en lo q dices (: Como antier!! Haha todo lo que dices y escribes es MUY bueno! Sigue escribiendo y entreteniendo mis noches!! 😛 TE AMO AMIGO :B

  3. #3 por Carmen el mayo 7, 2011 - 12:41 am

    Wow Xter, eres genial! ❤
    Excelente dude, me gustó mucho. Casi que mi día a día

  4. #4 por Andoni J Abedul el mayo 7, 2011 - 12:50 am

    Demasiado de pinga jajajaja había pensado lo que tu pero no tenia el valor de escribirlo ni con la facilidad que tu lo hiciste.

Comentáme puejj

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