Mi yo y mi ella.

Me sentí culpable hasta el último momento.

Hola, me llamo Alejandro, mi apellido no importa ahora ¿O sí?.

Así comenzaré mi historia, que por casualidad de la vida es lo último que recuerdo ahora mismo. Espero no sea otra historia de amor no correspondido en tu vida, aunque bueno, fue la única que realmente marcó la mía.
Eramos yo y ella, ella y yo, al principio… Si, al principio, cuando aún no entendíamos el amor y pensábamos que solo era un par de pensamientos y acciones para con el otro.
No recuerdo como fue, pero todo comenzó un viernes, ese día la vi en una reunión de amigos de la familia y no resistí hablarle, algo en su sonrisa tímida y sus ojos pícaros llamo mi atención. No pasaron ni 30 minutos y ya hablábamos de cosas íntimas, como si de amigos de toda la vida se tratase. La reunión duro algo más de dos horas, en las cuales la conocí y ella me conoció, o fingimos conocernos, como luego nos daríamos cuenta. ¿Por qué digo eso? Meses después fuimos diciéndonos nuestros más profundos pensamientos, que chocaban con las opiniones superficiales que ese día nos dimos. Eso es otra historia.

Cuando nos despedimos, sentí que dejaba algo importante irse como si nada, le pedí su teléfono y ella con una sonrisa me lo dio.

Así paso 1 mes, planeando con ella las más divertidas aventuras en mi mente, cuando en realidad, por mi miedo al rechazo siempre terminaba poniendo excusas. Finalmente me armé de valor (o eso me dije) para verla, ya no tenía deberes que hacer, no tenía ataduras del cruel mundo real que me evitaran verla. La invité a una plaza cercana a un cine.
El día por fin llegó y mis manos sudaban, mi corazón estaba acelerado y mi mente se ingeniaba mil y una formas de saludarla cuando la viera. Mis labios se sellaron como una tumba cuando la vieron de lejos y a medida que fue acercándose mi mente intento recordar todo eso que había planeado decirle, sin éxito.

Cuando me reconoció su sonrisa alumbró su rostro, haciéndome llegar al borde de las lágrimas de felicidad.

Permítanme tomarme una pausa a la historia y describirles a mi co-protagonista:

Ella es morena, es más baja que yo, de 1 metro con 65 centímetros. Es rellenita, más bien exacta para mi, entraba en mis brazos perfectamente. Sus piernas son anchas y sus caderas pronunciadas, sus muslos son exactos a la medida de mi mano (como luego descubriría) y terminan en unos pies bien cuidados, regordetes y pequeños. De su cintura sube a sus pechos, haciendo juego con su cadera y remarcando su figura, hacia unas manos tiernas a las que podría llamar mi pasatiempo: Tenerlas juntas con las mías era en lo que me gustaba pasar todo el día. Su rostro… Simplemente angelical, unos labios carnosos y dulces, tal cual duraznos, unos ojos haciendo juego con una nariz remarcada, un poco grande pero que no molestaba la sinfonía de su arquitectura facial… Sus ojos… Podría gastar miles de palabras describiéndolos, pero solo lograría aburrirte … Solo diré que en ellos me perdía cada ve que podía, muchas veces en el mar castaño que ocupaban me gustaba navegar, buscando los secretos de esta chica… Anaid la bautizaron, Ana le decían por cariño…

Y esa era Ana, así era cuando la conocí y así era cuando la deje ir.

Ya enredé esto, mejor lo dejo hasta ahí, sigo con lo que sucedió ese día:

Cuando me vio, me sonrió. Cuando la vi, le sonreí de vuelta. Mientras nos íbamos acercando fui perdiendo el miedo y fui ganando confianza hasta el momento en que se acerco a mi y beso mi mejilla, la humedad en sus labios tumbó abajo todas las palabras que había planeado decirle en esos segundos que pasaron antes de estar cerca de ella.

Mi primer error (o quizás acierto, nunca entendí bien como ella me dijo que le había caído eso) fue decirle:

-No sabes cuanto te he extrañado, no sabes cuanto te he querido ver. Ni te imaginas cuanto he querido estar junto a ti.

El silencio fue impactante. La gota de sudor frío que paseo por mi cuello fue tan lenta que la sentí bajar durante una eternidad. Las personas a nuestro alrededor parecían haberse detenido a ver que diría ella.

“Listo, se acabo… Pensará que soy un loco” Me dije a mi mismo.

En fracciones de segundo su sonrisa se cerró y se disminuyo lo suficiente como para parecer un gesto de ternura, de la mas dulce inocencia, y su boca se abrió para decirme:

-Que cosas dices… Tampoco han pasado siglos…

Se sonrojó luego de decir eso. El mundo siguió su curso natural luego de ese gesto mínimo pero de gran peso.

Caminamos por ahí, la función de cine empezaba a las 4:00 pm y eran las 3:30 pm. Hablamos de que habíamos hecho durante ese mes separados, ella me hablo de una relación de un par de semanas que tuvo, yo le hable de lo último que había compuesto (ocultándole que lo había compuesto pensando en ella) y le prometí traerme mi guitarra para tocarle un par de canciones. La propiedad con la que hablaba a pesar de sus gestos de niña pura me maravillaban, como un soneto siguiendo las líricas de Rubén Darío. Tenía una personalidad fuerte, lo demostraba con pequeñas pistas en su voz, en los movimientos de sus manos y con las miradas que me daba mientras hablábamos y discrepábamos en nuestras opiniones.

A 15 minutos de entrar caímos en el tema que quería evitar tocar: El amor.

Ella me dio su visión del amor, me dijo el último hombre del que se había enamorado y yo, silencioso, pensaba en la única mujer a la que realmente había amado y de como prefirió las apariencias al valor verdadero de una persona. Mi canción más melancólica la mencionaba, se la dedicaba y la llamaba a gritos de rencor. Su silencio interrumpió el mió y su mirada de curiosidad inundo mi mente.
Sin esperar a que preguntara le dije lo que había sucedido con la única mujer a la que estuve dispuesto a entregarle mi corazón. Ella me miró con ojos trágicos, como sintiéndose identificada. Me dijo que las cosas malas pasaban y que de esas cosas había que aprender.

Por fin nos acercamos a taquilla, con 5 minutos para entrar y comprar lo que quisiéramos comer durante la película. El cine estaba medio vacío, poca gente asistía a estos cines tan pequeños, todo el mundo prefería los de los centros comerciales. Nos dijeron que la película que queríamos ver ya no estaba en cartelera (mala suerte en el momento, buena a largo plazo) y que solo quedaba una película independiente, de esas románticas con guiones no muy complejos y cursilerías varias. Decidimos entrar.

Había poca gente en la sala, casi todos en pareja, abrazados y algunos osados, besándose en cada escena de mucho romance. Me sentí incómodo, queriendo los labios de Ana y con miedo a que eso la alejara de mi. Ella se recostó en mi brazo y yo la abrace, el resto de la película la pase concentrado en el calor de su cuerpo contra mi.

Salimos del cine como cercanos, sin querer alejarnos el uno del otro. Le ofrecí llevarla en taxi hasta su casa, yo de ahí podía caminar (quería aprenderme el camino, además, estaba muy bien ubicado en la ciudad). Nos fuimos entonces. Su casa resulto no estar muy lejos de la plaza a la que habíamos ido (con razón eligió ese punto), ni tan poco muy lejos de mi casa, había que cruzar un par de calles, unas cuantas cuadras y llegaba. O podía tomar un bus y ahorrarme la mitad del camino.

En la calle cerca de su casa, ella me señaló a las personas, diciéndome su relación con ellas, como si a mudarme fuera yo. Porque no, al final saber de esas personas me ayudó. Al fin llegamos, era un conjunto residencial, yo la acompañe hasta las escaleras, pues me dijo que no quería que la vieran con nadie, los vecinos tenían lenguas muy filosas. La miré y me perdí (por primera vez) en sus ojos, alguna extraña música sonaba de fondo en mi mente y nuestro silencio por fin lo rompió ella:

-Chao pues Alejandro…
De su boca, mi nombre sonaba limpio, sano y perfecto… Creo que era el efecto que causaba a todo lo que decía.
-Ana… Te cuidas… Moveré influencias para salir pronto
-Esta bien, esperaré ese momento… ¡No me dejes otro mes sin verte! -Me dijo como suplicando mientras sonreía- Te quiero…

Mi corazón se aceleró cuando escucho esto. De repente no tenía nada que perder y todo que ganar. La agarré por un brazo con suavidad y le pregunte:

-¿De qué trataba la película que vimos hoy?
– Eeh… No sé, no recuerdo realmente -me dijo con prisa- ¿Por qué?
-Por qué no recuerdas?
Un silencio y una mirada profunda de su parte.
-Porque me concentré en no dejarte ir cuando nos abrazamos…

Una lágrima comenzó a formarse en su rostro, se puso roja, como si hubiera dicho una obscenidad en una iglesia. Yo la acerque a mi dispuesto a tomar la apuesta más alta… Me acerqué lo suficiente a su rostro para ver todos sus detalles, unas pecas levemente marcadas y unas pestañas muy definidas… Nuestros labios, como imanes, se acercaron. La dulzura de ese beso aún la recuerdo, fue nuestro primer beso, mientras nuestros labios hacían contacto nuestros cuerpos se acercaban. Al final, nos separamos como forzados y nos miramos las caras. Ella me sonrío y yo le sonreí.

-Me tengo que ir -dijo apresurada- Chao.
Y me dio otro beso, pero esta vez fugaz.

Corrió por las escaleras y se perdió de mi vista. En segundos me llegó un mensaje de texto de ella “No me hagas esperar para volver a salir contigo, por favor!”. Salí del conjunto con una sonrisa y una sensación de victoria.

Y así fue, nuestro primer beso. No sería el último pero si fue uno de los más especiales.

Todo eso antes de… Bueno… Esa es otra historia…

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  1. #1 por moisesesreal el mayo 29, 2011 - 7:43 pm

    Algo parecido me pasó pero shh. Chamo, o eres bien marico (romántico en exceso) o bueno, eh, estabas bien enamorado. Me gustó bastante, yo hice algo así para alguien pero núnca lo publiqué, saluditos :*

    • #2 por diegoxter el mayo 29, 2011 - 7:56 pm

      Mi querida cucaracha bípeda:

      ¿Podrías decidirte? En la publicación anterior has dicho que era un sicópata enfermizo, en esta dices que soy un maricón declarado. ¿El mojón mental no te deja coincidir las ideas que se forman en la cloaca de desechos animales a la que llamas mente?. Como sea, aprecio mucho que compartas las excreciones a las que llamas opiniones conmigo, hacen que mi vómito cobre mas valor.

      Siempre tuyo, Diego José.

  2. #3 por @Piensa_WTF el mayo 29, 2011 - 8:20 pm

    Sabias que escribes excelente no? Me enamore de esta. Una muy muy hermosa historia*-*

  3. #4 por AnaMariia el mayo 30, 2011 - 6:35 pm

    Awww diiego.. me encanta como escribes.. y siempre me dejas con ganas de mas.. ( okei debo decir que eso sono un poco extraño) me dejas con ganas de leer mas (eso esta mejor) siiguee asii de verdad tienes una mente muy imaginatiiva y ampliaa.. Te quieroooo diegoo.. eres mi compañero de regreso y mi compañero de asientoo.. (:

  4. #5 por Andoni J Abedul el mayo 30, 2011 - 9:01 pm

    Larga, pero buena, esta entrada estuvo muy fina, pero casi de hollywood.

  5. #7 por Leslie XP el julio 10, 2011 - 2:04 pm

    Como es Que estoy leyendo esto ahora!? :O bueno, Que te puedo decir? Simplemente hermoso…me hizo suspirar! (aunque me la doy de dura, soy una romantica XP) hahaha me encanta lo q escribes y me alegra saber q tengo un gran amigo como tu q sabe expresarse. Te quiero carajito.

  6. #8 por SC( no me conocs! ) el diciembre 7, 2011 - 7:48 pm

    marico eres un pro soy tu idolo

    • #9 por diegoxter el diciembre 7, 2011 - 7:55 pm

      Te quiero SC, cuando sea grande quiero ser como tu :$

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